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Ascensorista de Guardia


Hueco deshabitado

Sé lo que es trabajar en el hueco compañero, hemos compartido la complicidad, el calor, el frío, el ruido, la charla y el silencio de ese espacio estrecho.

Aquí ando ahora, en el abrumador silencio de este pequeño hueco sin cobertura, dolorosamente abierto, como una herida.

Un hueco en el equipo, en la familia, en el alma, es espacio para el duelo, la nostalgia, la despedida, la añoranza… y veremos qué será, qué será este hueco que queda, que queda… que queda ¡qué sé yo!, que queda tiritante y tartamudo… En la oscuridad me pierdo y en este triste foso no encuentro ni la luz ni la palabra. No las encuentro en este hueco recién deshabitado que es puro vacío.

Soy ascensorista, ascensorista de guardia, todavía en pie, velando las herramientas de un compañero cuyo padre ha fallecido.

Al otro lado del cristal

Lo liso e impecable, dice Byung-Chul Han, constituye la seña de la identidad de la época actual: he aquí los rasgos, destaca con ironía, que tienen en común las esculturas de Jeff Koons, los teléfonos móviles y la depilación brasileña…

Tu espacio… mi espacio

Te dejo a ti tu espacio,
deseo que tengas tú tu espacio, donde quepa tu prisa, tu sonrisa, tu agobio, tu enfado, tu historia…

Citius, altius, fortius

Citius, altius, fortius («más rápido, más alto, más fuerte»), fue, y es, un buen lema para simbolizar el espíritu olímpico. El sector de los ascensores, en un afán de superación constante y al calor del desarrollo tecnológico de la segunda mitad del siglo XX, pareció adoptarlo también como objetivo implícito en una loca carrera por llegar no se sabe muy bien dónde…