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Ascensorista de Guardia


Eureka

Los ascensoristas a veces necesitamos ponernos un poco matemáticos. Normalmente es algo sencillo, operaciones que se hacen a mano alzada garabateando, a falta de un papel, en la pared del hueco.

Hay veces, en cambio, que el problema se vuelve más complejo, y nos pone en jaque, y nos obliga a emplearnos a fondo. Nuestros problemas no tienen que ver con trenes que salen de Madrid y de Alicante para encontrarse no se sabe donde, ni con si mengano tiene ahora el doble de edad que zutano pero vete a saber cuántos tendrá cuando se jubile. Lo nuestro es más concreto, más práctico, por ejemplo si un hueco es pequeño y el pistón es grande, tenemos que saber si llegaremos meterlo dentro sin que se nos quede atascado a medio camino.

El interés por el resultado no es una elucubración teórica, si el pistón pasa no hay problema, pero como no lo haga, no queda más remedio que o romper la pared del hueco (que no suele hacer mucha gracia) o pedir que venga el pistón en tramos más pequeños que deberán ser roscados una vez dentro del hueco (que dicho así parece sencillo pero tiene su miga y es más caro).

La primera vez que traté de resolverlo, me sobraba optimismo e ínfulas, lo hice en una servilleta del bar en la que tomábamos el desayuno… lo único que conseguí es que se me enfriara el café con leche y una colección de servilletas arrugadas. No surgió ninguna fórmula mágica que nos librara de ir por el pistón, engancharlo a un polipasto y hacer la prueba en el sitio.

Como ocurre con la vida los problemas que no se resuelven se empeñan en volver una y otra vez… La semana pasada entró de nuevo por la «puerta pequeña»… Por razones que no vienen a cuento se nos pedía montar unas puertas de ascensor para poder cerrar el hueco antes de instalar dentro el aparato. La cuestión volvía a ser si, una vez puestas las puertas, luego podríamos introducir el pistón de una sola pieza… para quien le apetezca el reto: la altura libre  de la puerta es 2metros, el fondo de hueco 1,5 metros y el pistón necesario de 4,75 m con un diámetro de 10 cm.

Esta vez sí, con más prudencia, algo más escéptico, el apoyo de una hoja de cálculo y bastante paciencia he podido encontrar la solución, para este y otros casos que puedan darse… Desde el punto de vista matemático no es gran cosa, no como para salir a lo Arquímedes en pelota picada por la obra gritando «Eureka»… pero sí que me ha dejado, con la sonrisa tonta de quien por fin encuentra alivio a un leve picor en el orgullo propio que ahora alcanzo a rascar.

A falta de un matemático de guardia en la sala que aporte una solución más precisa, quedo, con mi viejo problema, la nueva solución y mi pequeñas satisfacciones a su servicio. Soy ascensorista, ascensorista de guardia.

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Citius, altius, fortius

Citius, altius, fortius («más rápido, más alto, más fuerte»), fue, y es, un buen lema para simbolizar el espíritu olímpico. El sector de los ascensores, en un afán de superación constante y al calor del desarrollo tecnológico de la segunda mitad del siglo XX, pareció adoptarlo también como objetivo implícito en una loca carrera por llegar no se sabe muy bien dónde…

Sí, pudiera ser enfado.

No lo sé
quizás sea desasosiego, sueño, el calor, quizás que el trabajo se atranca, que las averías se empecinan, que andamos de sobrecarga…