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Ascensorista de Guardia


Pasando la itv

Mi coche pasó su última ITV, creo que con más felicidad que yo.

Yo, lo confieso, llego a mi reconocimiento médico,
con la veterana resignación
de quien va a la «Inspección Técnica de Viejos».

Todos tan amables, todo tan limpio,
levántese la camisa,
inspire así,
vaya allá,
¿nota esto?,
será solo un pinchacito,
avise cuando oiga el pitido.

Y tras pasar por todo el circuito,
no se preocupe caballero,
que le mandaremos a casa el veredicto:

Sobrepeso (allí me duele, me encantaría echarle la culpa a las botas, pero me temo que, lo que me pesa son las lorzas)
colesterol (vaya por Dios)
y si la vista, y si el oído…

También buenas noticias:
embarazado no estoy
y los triglicéridos y no-sé-qué-del-hematocrito están en su sitio.
Respiro, que no es poco.
La presión es adecuada.
El corazón late bien,
En mi caso no está contraindicado, seguir enamorado.

En resumen: soy ascensorista, ascensorista de guardia, «apto» por un año más, a su servicio.

Lunes de desolación

Comienza la semana y solo deseo
parar un poco y que los ascensores anden y estar en calma…

Ordenar (1ª acepción)

Entre el orden y yo existe una relación dialéctica, o, por andar con menos rodeos, soy desordenado, lo confieso…

¡Gloria!

Fue en 1998, de eso estoy seguro, hacía frío, creo que lloviznaba, no podría jurarlo. La noticia nos la trajo la radio. «Fallece en Madrid la poetisa Gloria Fuertes…» a la edad de no-sé-cuantos-años…