Blog

Ascensorista de Guardia


Nuevos pasos

La sardana és la dansa més bella
de totes les danses que es fan i es desfan...
Joan Maragall

Escribo esta entrada en el quicio de un cambio laboral. Tras un proceso de transición reduzco a colaboraciones puntuales mi vínculo profesional con la empresa en la que he trabajado en los últimos años.

Hablo de una gran empresa, no en su tamaño sino en muchas otras cosas. Ha sido para mi espacio de acogida y reencuentro, escuela profesional y taller de vida, lugar de cotidianidad y sorpresas, un hueco para el trabajo en equipo y el desarrollo personal. En ella nació la bendita locura de este blog y muchas de las historias que andan aquí escritas, todas ellas «personales en sus formas y colectivas en su fondo»

He sido, soy, parte de este equipo y como tal, ciclo entre el duelo, el asombro, el agradecimiento y la ternura. Para describir cuanto siento, adapto, con irreverente libertad, los versos que Joan Maragall dedicaba a la danza de la sardana:

Este equipo es el más bello de cuantos se han hecho y deshecho, 
es esa polea magnífica que, con pausa y mesura, oscila
Ya se decanta a la izquierda y vacila
y regresa a la derecha dudando,
y vuelve y se revuelve intranquila,
como aguja de un imán desorientado,
como ella, fija un punto y se detiene...
Arranca en el contrapunto y de nuevo viene.
Este, equipo es el más bello, de cuantos se han hecho y deshecho.

Sé de dónde vengo y me siento privilegiado por ello. Acerca de adónde voy, tengo más intuiciones que certezas. Así, a bote pronto, en esta eternidad que media entre mi presente y la jubilación, quisiera no olvidar el tacto del hierro, resolver averías con nuevos métodos, acompañar personas en su desarrollo profesional... tengo por dónde empezar, luego ya se verá.

En cualquier caso, como cualquier ascensor, me muevo pero no me voy. He sido, soy, seré ascensorista, ascensorista de guardia, a su servicio.

Un último viaje

Con los años y la mala vida, el motor era ya un trasto tranqueante, un cachivache achacoso, un menoscabo de máquina, un estropicio estentóreo…

Ser en plenitud

No doy por buena una chapuza, ni me conformo con la mediocridad; sin embargo, la perfección me parece estéril e inhóspita…

Un día intenso…

Hoy viernes, he visto el ascensor acuñarse, entre el tercero y el segundo y el rodillo de cuñas pegado a las guías como una lapa. Y de rodillas sobre el techo de cabina tratar durante horas de rearmar la recóndita caja y llevar todo a su sitio…