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Ascensorista de Guardia


Equipos de Protección Individual

Espero realmente así lo espero, compañero,

que el día que yo reviente lleves el casco puesto.

Quiero, realmente lo quiero, compañero,

que si algún día vuelo sea con botas reglamentarias,

que la careta me tape el careto,

los gatos cacen con guantes,

los ratones vayan con chaleco,

la línea de la vida sea larga,

las gafas no retengan las lágrimas

y el prescriptivo barboquejo

(menuda palabreja)

jamás me impida reir, reir a carcajadas,

cuando ese perfecto, competente, erúdito, documentado, eminente, insigne, estirado, redundante, reiterado y redicho técnico de prevención nos venga a recitar, por revigésima vez, su discursito de cuello blanco y corbata sobre la impoluta barrera que lo preserva de nuestra realidad cotidiana.

Soy ascensorista, ascensorista de guardia buscando un Equipo de Protección Individual homologado contra la estupidez.

El placer en lo cotidiano

Como un pastor tiene claro que no es una oveja, yo, a fuerza de años de estar entre máquinas, sé que no soy una de ellas…

Citius, altius, fortius

Citius, altius, fortius («más rápido, más alto, más fuerte»), fue, y es, un buen lema para simbolizar el espíritu olímpico. El sector de los ascensores, en un afán de superación constante y al calor del desarrollo tecnológico de la segunda mitad del siglo XX, pareció adoptarlo también como objetivo implícito en una loca carrera por llegar no se sabe muy bien dónde…

Mi despacho

Mi oficina no es muy ancha, hay días que mide, algo más de un metro por un metro… cuando llega a dos me imagino que cabe una portería y casi se puede jugar al fútbol….