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Ascensorista de Guardia


Érase una vez…

Cuentan nuestros mayores, no sé si es leyenda o verdad verdadera, que se hizo un concurso de ideas, en un gran edificio donde se acumulaban quejas por la lentitud de los ascensores. Se reunieron los más grandes sabios aportando sus propuestas: los informáticos proponían cambiar el algoritmo de gestión de llamadas, los mecánicos sustituir las máquinas, los electrónicos incorporar variadores de frecuencia,  el arquitecto remodelar el edificio, los gestores cambiar la configuración de plantas, los más ansiosos abrir las puertas de forma anticipada y, así  debatían y debatían sin ponerse de acuerdo sobre los costos y beneficios de cada propuesta.

La solución llegó por fin a iniciativa del viejo portero, que harto de sesudos debates y vecinales protestas puso una pequeña televisión portátil colgada en la cabina… se acabaron las quejas, se acabó la discusión y se acabó el problema.

Yo, ascensorista de guardia, sigo sin saber si esto es leyenda, o, quién sabe, verdad verdadera…

Pasando la itv

Mi coche pasó su última ITV, creo que con más felicidad que yo.

Yo, lo confieso, llego a mi reconocimiento médico,
con la veterana resignación
de quien va a la «Inspección Técnica de Viejos»…

El placer en lo cotidiano

Como un pastor tiene claro que no es una oveja, yo, a fuerza de años de estar entre máquinas, sé que no soy una de ellas…

Al otro lado del cristal

Lo liso e impecable, dice Byung-Chul Han, constituye la seña de la identidad de la época actual: he aquí los rasgos, destaca con ironía, que tienen en común las esculturas de Jeff Koons, los teléfonos móviles y la depilación brasileña…